Transición a la alimentación sólida

Transición a comida sólida

El momento de dejar de amamantar e introducir los alimentos sólidos a la dieta de tu bebé, es una decisión personal.
Muchas veces tiene que ver con factores que no puedes manejar, como por ejemplo la necesidad de volver a trabajar, que la leche materna se corte, o simplemente porque sientes que tu hijo no está preparado para hacer la transición o por el contrario, que sí lo está.

Sin embargo, existen algunas recomendaciones al respecto. La Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda alimentar a los bebés sólo con leche materna o en su defecto con leche de fórmula, como mínimo hasta los 6 meses de vida, pues hasta esa etapa del crecimiento la leche aporta todas las calorías y valor nutritivo que tu pequeño necesita y que su cuerpo puede absorber.

Otro factor decisivo al momento de cortar la lactancia, es la etapa de madurez en que se encuentra el sistema digestivo del bebé, el que está en directa relación con el desarrollo de la boca y lengua. Por lo tanto cuando el pequeño, por ejemplo, pierda el reflejo expulsar de su boca todo lo que no sea líquido, y su lengua pueda llevar los alimentos al fondo para luego tragar, será una señal de que su estómago está más preparado para recibir sólidos.

Cualquiera sea la decisión que tomes respecto a la alimentación de tu bebé, es importante estar siempre en contacto con su pediatra. Así puedes plantearle tus dudas y en conjunto tomar la mejor de decisión para tu pequeño. A continuación podrás encontrar algunos tips que te ayudarán a aclarar un poco más este tema.

Alimentación sólida

 

¿Cómo saber si mi bebé está listo?

Cuando el cuerpo de tu bebé esté madurando, en vías de comenzar una alimentación sólida, verás algunos cambios tanto físicos como de conducta. Algunos son:

  • Control de su cabeza: Podrá mantenerla erguida.
  • Pérdida del “reflejo de extrusión”: reflejo involuntario que hace que el bebé expulse de su boca todo lo que no sea leche materna o parecido a ella.
  • Mejor control de sus labios: babea menos.
  • Sentarse bien cuando tiene apoyo.
  • Que empiece a hacer movimientos de masticado.
  • Curiosidad por lo que tú comes.

 

¿Cómo empezar?

Antes de dar este paso, es importante entender que el proceso de introducir los sólidos a la dieta de tu bebé requiere de mucha paciencia y comprensión. En un principio, producto del reflejo de extrusión, tu bebé expulsará todo lo que le des, pero no te frustres, eso no quiere decir que no le gusta, es sólo un reflejo involuntario que irá desapareciendo con el tiempo.

Tampoco se trata de un cambio drástico de todo o nada. Algunas mamás combinan la alimentación sólida durante el día y la leche materna durante la noche, también puedes intentar amamantar o darle mamadera y entremedio darle dos o tres cucharaditas de papilla. No hay una fórmula segura, el mejor consejo es estar bien atenta a las señales que da tu pequeño para ver qué le acomoda más a él.

La mayoría de los bebés pueden comenzar su transición con cualquier alimento en forma de puré, aunque tradicionalmente se empieza con cereal. También puedes partir con alguna fruta o verdura como papa, zapallo, manzana o plátanos. Si tu pequeño se muestra reacio a comer con cuchara, prueba acercarla a su nariz para que huela y poner un poco de comida en sus labios para que sienta el gusto de la comida primero, así estimularás su apetito y les darás tiempo para que se haga una idea de lo que está por venir.

Elige un buen momento del día para darle los sólidos, cuida que no esté de mal humor o muy cansado, como ya sabes, este es un proceso de ensayo y error que requiere de mucha paciencia también por parte del bebé. Una vez que se acostumbre a su nueva dieta, estará preparado para ir aumentando la dosis y agregando más variedad de comida. ¡Suerte!

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